Las Venas Abiertas del Razonamiento Neomarxista: La Necesidad de Desechar el Análisis Histórico de la Izquierda Latinoamericana
OPINIÓN
Fecha de PublicaciónThursday, August 27, 2026
Escrito porMANDO CENTRAL

Las Venas Abiertas del Razonamiento Neomarxista: La Necesidad de Desechar el Análisis Histórico de la Izquierda Latinoamericana

Reseña crítica a la obra “Las Venas Abiertas de América Latina” de Eduardo Galeano

Eduardo Galeano, aquel “prócer” de la izquierda latinoamericana, en su obra “Las Venas Abiertas de América Latina” (de la que, posteriormente, renegaría por considerar su formación como insuficiente al escribirla), realiza un planteamiento bastante peculiar, que encamina una continuidad de un capitalismo esclavista desde la época virreinal de la colonia española en América, hasta los tiempos modernos del neoimperialismo de las grandes potencias, el cual se resume en lo que él mismo escribió:

“Nuestra riqueza ha generado siempre la prosperidad de otros”

Planteamiento del cual se señalará por qué, desde su raíz, basado en el libro ya mencionado, está errado.

Para empezar, es necesario entender la forma en la que Galeano retrata la época colonial (o mejor dicho, virreinal). En general, se concederá que Galeano dice los datos históricos correctos (lo cual de por sí es casi un regalo, y especialmente tratándose de críticas a la Corona Española), ignorando por lo menos que su concepción semi utópica de la personalidad del Fraile Bartolomé de las Casas está desestimada por la historiografía; pues esto no refuta la deforma que Galeano produce en su relato.

Por poner un ejemplo, Galeano, al momento de relatar las muertes nativas por contacto de las bacterias ibéricas, lo hace desde el planteamiento textual de “contacto con blanco, para el indio, significaba muerte”; lo cual tal vez parece insignificante, pero muy sutilmente proyecta en el lector la imagen del español como un genocida por el mero hecho de traer enfermedades. Esta proyección no solo presupone la conversión de un juicio de valor a un dato histórico objetivo; también supone un razonamiento que no es deductivo (tampoco inductivo), sino retroproyectativo. Galeano no parte de la enfermedad y deduce el predicado “genocida”, presupone tal predicado, retroproyecta dicho predicado al hecho en sí, y lo “fusiona” con el hecho en sí, generando así un planteamiento sesgado y disfrazado, que moldea en el lector la imagen del español genocida no como un juicio de valor, sino como una realidad objetiva intrínseca al dato histórico concreto. Y vale la pena preguntarse, ¿Es el español genocida por traer enfermedades desde la península ibérica de las cuales no era siquiera consciente? Teniendo en cuenta que dados los avances en medicina de la época, tal relación causal entre los microorganismos ibéricos y las frecuentes muertes de nativos indígenas, tal relación causal era prácticamente indetectable, proyectar la culpa en el español bajo el predicado “genocida” se torna menos racional de lo que Galeano lo busca plantear en su obra.

Esta metodología, a la que podría llamarse “implante de sesgo”, es repetitiva y sistemática en el texto con la misma estructura:

  1. Parte de un hecho histórico (Que a veces es incluso erróneo)
  2. Plantea el hecho histórico histórico desde un sesgo que Galeano presupone y proyecta.
  3. Y fuerza la fusión del sesgo presupuesto con el dato histórico.

Por poner otro ejemplo, al momento en que Galeano se refiere al monarca Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico, lo llama “iletrado”, “nepotista”, y “cara de idiota”. Si bien también parece irrelevante, demuestra que Galeano no razona el dato desde lo deductivo, sino que lo utiliza (cómo no, de forma manipulada) como refuerzo de una tesis que él ya presupone. Aquí Galeano viola un principio fundamental de la crítica histórica: Relatar la historia de forma neutral.

Si esto no es suficiente para desestimar la tesis del uruguayo, cabe señalar una falsa equivalencia ya señalada en un estudio promulgado por la Universidad Francisco Marroquín, titulado “Relaciones Causales Incorrectas”, que deja en evidencia aquella poca preparación que el mismo Galeano admitió.

Al momento de comparar la época mal llamada “colonial” (reiteramos que un adjetivo más adecuado para aquella época sería “virreinal”) con la década de los 60’s, a la que él llama “neocolonial”, omite groseramente la disparidad en los sistemas económicos. Para el capitalismo un principio fundamental es el de la competitividad, donde cada productor, dada la pluralidad de presentaciones de “x” producto en matices de precio, calidad, cantidad, etc; desarrolla y mejora su producto para hacer competencia al resto de productores de su mismo mercado. En resumen, la mejora de la productividad es intrínseca a la competitividad (esto para la teoría capitalista que subyace de una antropología individualista, la cual ignora groseramente la noción antropológica de la colectividad, lo cual termina en el beneficio de determinados individuos en lugar de a un marco de unidad entre individuales). Para la época colonial, Hispanoamérica carecía de competitividad industrial: Estaba bajo un monopolio económico ibérico; no podían comerciar libremente de forma independiente a las disposiciones de la Corona, lo cual viola el principio de libre mercado capitalista, y no tenían una economía de mercado, sino de un modelo productivo agrícola subordinado al comercio del oro, que subyacía no del individualismo antropocéntrico capitalista, sino de una antropología católica orientada al bien común, influenciada por el pensamiento de la Escuela de Salamanca (la cual de hecho, sentó las bases para la formulación de la Doctrina Social de la Iglesia por parte y a partir del magisterio del Papa León XIII, la cual ningún analista serio se atrevería a llamar “capitalista” o “imperialista” en el sentido general de las nociones).

Entonces, el modelo capitalista y la economía novohispánica no son símiles; son antítesis en varios aspectos. Si se quisiera argumentar que son símiles en tanto un modelo productivo esclavista, no solo peca de anacronismo, sino que presupone (en vez de demostrar) que el comercio de esclavos de aquella época se fundamentaba en la precariedad e inferioridad ontológica del nativo, ignorando la asfixiante documentación que tenemos de la Corona (de la cual Galeano se busca librar catalogándola, gratuita y por lo tanto falazmente de “ficción”) que demuestra lo contrario.

En general, Galeano plantea la historia con simplificaciones maliciosas, omite hechos incómodos para su tesis, como la excesiva atención que recibió Fr. Bartolomé de las Casas por parte de la Corona en nombre explícito de la protección de los indígenas por parte de esta (la cual, por cierto, no necesitó de la declaración masónico-modernista de los Derechos del Hombre que los franceses proclamaron tras su baño con la sangre de un pueblo que siempre luchó por la causa monarquista confesional católica), o la alta complicidad del pueblo nativo con la Corona en la conquista y la perpetuación del poder político español (de hecho, a favor de los independentistas lucharon más criollos e ingleses que nativos; y a favor de la conquista lucharon muchos más nativos que españoles, por más que Galeano acuse falazmente al español de manipular al nativo para ello); y confunde abruptamente 2 modelos económicos distintos, los cuales plantea como símiles a partir de una tesis que ya presupone de antemano.

A modo de un paréntesis final, estableciendo relaciones entre la causa republicana francesa y la causa separatista criolla, resulta “extraño” observar cómo la historia moderna termina exaltando a aquellos que, por influencia y financiación anglo-masona, cargaron contra un pueblo mayoritariamente católico y monarquista, blanqueando sus masacres y laicismos antirreligiosos y particularmente anticatólicos; así como también resulta “extraño” que tanto los próceres de la izquierda como de la derecha modernas promuevan activamente tales relatos, pero eso es un tema para una reseña distinta.

Por lo tanto, a modo ya de conclusión, el texto de “Las Venas Abiertas de América Latina” puede considerarse como una obra semi literaria que, de modo más poético que metódico, busca configurar una mente consciente y protectora de las minorías (lo cual es, en sí, una intención no despreciable), pero nunca un análisis histórico-económico riguroso ni académico.

Al fin y al cabo, la obra de ficción en tinta no fue la legislación española que buscaba la protección, evangelización, y el mestizaje de los indígenas; la obra de ficción en tinta era la tan aclamada obra de Galeano, cuyo razonamiento tiene más venas abiertas que América Latina.

Bibliografía

  • Galeano, E (1971). Las Venas Abiertas de América Latina. Editorial Siglo XXI.
  • Guardian, N (2006). Relaciones Causales Incorrectas. Universidad Francisco Marroquín.
  • Messori, V (2020). Leyendas Negras de la Iglesia. Reimpresión Voz de Papel.
  • S.N. (2015). El día que Galeano renegó de “Las Venas Abiertas de América Latina”. Revista Infobae
←Volver al Archivo
FIN DEL DOCUMENTO